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jueves, 22 de agosto de 2013

Toda tierra es sagrada

“Toda tierra es sagrada si en ella descansa el cuerpo de un alma noble y bella”
Este es el epitafio de una de las lápidas que he visitado esta mañana. La casualidad, o no, ha querido que en mi paseo matutino con mi primogénito anduviésemos por la avenida de Daroca (en Madrid, España) y de pronto me encontrara entre los muros de un cementerio y otro; El cementerio del Este conocido popularmente como de la Almudena, y un apartadito de este mismo que se construyó para quienes no profesaban por aquél entonces el credo católico.

El caso es que adentrándome entre los singulares personajes que allí habitan y viendo nombres y recuerdos, fechas y esculturas, unas cuantas cosas me han llamado la atención. Una de esas cosas casi me hace titular esta entrada con desalentadoras palabras, algo así como “El cementerio del resentimiento”.

Y es que en el recoleto mausoleo que nuestro presidente Francisco Pi y Margall adquirió allá a principios de siglo XX, después de bellas palabras que glosaban todos sus quehaceres en vida, la piedra estaba rematada por unas palabras de lo más cenizas;
“¡España no habría perdido su imperio colonial de haber seguido sus consejos!”

Yo no sé si él mismo encargó al marmolista estas palabras. Si lo hizo su afligida esposa o sus afligidos diputados. Y tampoco digo que no fuera cierto el aviso. Pero yo lo he visto hoy ciento doce años después y pienso que, bueno, que el estupendo imperio colonial que teníamos, pues verás, que... antes o después... Vamos que hoy en día no tiene colonias, así grosso modo más que Francia, Inglaterra y los EEUU, y para no dejar de ser más chulos que un ocho, no por otra cosa.

Pero que no quiero hablar de las colonias. Que lo que quiero decir es que bueno, que digo yo que ya está la eternidad para poner las cosas en su sitio ¿no?

Por eso al final he querido titular esta entrada como lo he hecho. Y es una lástima que no haya sacado una instantánea. Que aquí en vida le ponemos nombre, etiqueta, categoría, frontera, departamento, muros, clasificación, … a todo bicho viviente y sin embargo al final, y cuando digo al final me refiero al final del todo, toda tierra es sagrada si en ella descansa el cuerpo de un alma noble y bella y no hay más que hablar.

viernes, 9 de agosto de 2013

Benidorm y el mar

Ayer mismo escuchaba en las noticias, ya de vuelta a la capital del reino, que nos hemos zampado algo así como la mitad de la costa a base de pisitos y pisitos en primera linea de playa. Bueno ya veo que no soy muy exhaustivo dando la noticia, Pero seguro que Greenpeace lo dice mejor. 
No me voy a extender mucho en este tema. Solo lo cito para que os hagáis una idea, los incultos en la materia, de lo que significa un lugar como Benidorm. Municipio de Alicante. Allí, como muestra, se alza la inacabada torre de viviendas más alta de Europa. Ese honor tenemos. La torre se llama Intempo. Han tenido que ir a buscar el nombre a la eternidad porque en este pueblito cualquier edificio de tres plantas que en Madrid pasaría por ser de protección oficial, aquí tiene nombre. ¡Y qué nombre! Acapulco, El Greco, Azor, Velázquez, Copacabana... Vamos, la costumbre de los setenta y nada más. Pero vale de hablar de arquitectura, que vengo a hablar de algo más elevado, por más que allí cualquiera viva en un piso veinte. 

Observaba una mañana el mar. Aún las sombrillas no han tapado del todo la arena de la playa. Aún se escuchan esas olas. Las que se encrespan y nos hacen volar. Las pequeñas, que se mezclan con la arena, la revuelven y después se van. Un mar que nunca deja de estar ahí, junto al mundo. Viene y va. Uno puede estar a medio metro de su espuma o a trescientos kilómetros pero siempre que mire al lugar adecuado, allí está el agua inmensa, esperándole. 
Y pensaba, mirando alternativamente al mar y hacia los pisos; Es tal su magnetismo y la fascinación que nos provoca, que intentando estar cerquita, hacerlo nuestro a cada instante y en cada lugar, sin querer, nos pasa que al final construimos lugares como éste. Que intentan atrapar el mar sin conseguirlo convirtiendo el lugar en una Babel y aún así sigue siendo imposible llegar a él. Hacerlo dócil. Él siempre está ahí, pero siempre a su manera y no a la nuestra. 
Benidorm en sus años mozos

Tal vez se nos ocurra entonces todo lo contrario; aborrecer lugares como este pueblin de rascacielos y llevarnos tan solo nuestra hamaca a la orilla de la playa. Así, sin nada más, querer vivir cara al mar. Querer estar ahí para oírlo y contemplarlo siempre. 
Me da, sin embargo, que haciendo esto sólo conseguiríamos tener el agua en nuestra retina y su espuma en nuestros tímpanos pero no podríamos tener el mundo en nuestro corazón, porque lo tendríamos siempre a nuestra espalda, sin querer vivir ni tierra adentro ni mar adentro. 

¿Qué significa todo esto? Bueno, pues para los aficionados a las metáforas, sustituid al mar por Dios. Contempladlo como lo hacéis con las olas, la espuma y el horizonte. Daos un tiempo. Tranquilos. 

Ahora, cambiad Benidorm o cualquier pueblo que conozcáis y que haya abusado brutalmente de su costa, por el Hombre; que cuando encuentra algo bueno, algo que le supera, que le desborda, opta por ser sabio y respeta su inmensidad. U opta por intentar domesticarlo. Le hace paseos marítimos, palcos en primera linea de playa, arena fina, bandera verde, muelles deportivos, torres Intempo... 

Pero siempre hay una orilla que no vamos a superar por más que queramos, a menos que optemos por dejar de ser hombres; que Él no va a dejar de ser quien es.

lunes, 4 de marzo de 2013

Y renuncia

No voy a zambullirme en exceso en polémicas. Vamos, que ya meto un poco las piernecitas en ellas. Pero tal vez no quiero más mojarme, por ahora. El caso es que ésta mañana he oído algo que me ha hecho pensar.
Ya saben ustedes que desde el pasado día veintiocho en todo el orbe de la cristiandad estamos como huérfanos después de hacerse efectiva la renuncia del Papa.
Y digo renuncia, que aunque lo clásico en este caso ha sido siempre que el primado de la Iglesia Católica aceptara el cargo hasta que la muerte nos separe, esta vez ha sido distinto.
Qué hay detrás de una renuncia de este calibre, no lo sé. Y no me negaréis, creyentes y no creyentes, que una renuncia así tiene cierto calibre. Y por esto, porque no quiero entrar en qué puede haber detrás, es por lo que recordaba que no soy mucho de hacer polémica salvo que me la sirvan en bandeja. Y no es éste el caso.
A lo que voy, dejando atrás posibles intrigas y tejemanejes de la curia, es a que este suceso, esta decisión del pontífice, desde que la conocí, me ha hecho pensar.
Pensar en que, de buenos o de malos, de blancos o azules, de unos u otros, esta figura es la de un líder mundial. Y renuncia.
Que en el mundo en que se mueve, que este hombre diga que no puede afrontar el trabajo que le espera es inusual. Y renuncia.
Que en esta historia que nos toca vivir, no es corriente que un personaje de la vida pública admita que ha sentido la debilidad. Y él, renuncia.

Y esto pensaba. Que aun cuando podamos tener discrepancias creyentes y no creyentes, hay una cosa que para mi salta a la vista por encima de otras cuestiones. Que nos parece todo este tema muy digno, muy ejemplarizante, venerable, porque no estamos acostumbrados a que suceda. No hay presidentes de la república, ministros, políticos, grandes empresarios, lideres, en definitiva, de unas u otras tintas, que decidan echarse a un lado porque creen que ya no pueden más. Que otro lo puede continuar con más fuerza.
No creo que el ahora Papa emérito sea perfecto. No lo creo, no porque esté en desacuerdo con él sino porque es persona, como todos. Pero sí creo que es una decisión perfecta la que ha tomado; Dejar sentir la humanidad en su ser y contárselo a los demás. No aferrarse a lo que uno ya no puede sostener con sus manos. Mostrar con o sin miedo dentro de uno que en efecto uno es más pequeño de lo que la lupa de los medios hace creer. Y esto es como pisar tierra sagrada.

sábado, 9 de febrero de 2013

Está todo decidido

(Hoy he visto las noticias y ya está todo decidido. Hace unos meses que tenía pendiente una entrada con este tema. Hoy ya está decidido. Ya puedo hablar.)
Veía en la pantalla del ordenador al presidente de casualidad de nuestra comunidad autónoma en rueda de prensa conjunta con un pollo yanqui. Este pollo era el representante de la empresita que montará en los eriales de Alcorcón un complejo estupendo de juego, hoteles y demás cosas que luego vendrán, fundamentales para el ser humano. 
Ya lo han pensado ellos dos y ya está todo dicho así que nada. Esto va a ser un no parar de puestos de trabajo. ¡Qué bien! 

Pero de pronto me he sentido en la piel de otro. Me he sentido en el pellejo de un joven de Abidjan viendo llegar los contenedores de la Nestlé para llenarlos de cacao y largarse. He pensado que era un chico de Mato Grosso al borde de la BR163 contemplando hermosos campos gigantescos de soja de Maggi donde antes había selva... 
Me imaginaba que podía ser un tipo de Bukavu y ganar diez dólares a la semana por rascar un poco de Tantalita para tu estúpido Apple. 

He visto que por fin, merced de las estupendas cifras de paro y demás calamidades que sufre nuestro país, ingresamos en el círculo de esos lugares en el mundo en que un pollo llega y dice lo que hay que hacer y a los que estaban allí parece que les parece todo bien. Ya estamos en la estela de Costa de Marfil, Brasil o la República Democrática del Congo. Ya tenemos el orgullo de ver desfilar millonarios en nuestras tierras con poder para cambiar las leyes y que se cumpla su voluntad. 

Y si me he sentido en otra piel ha sido por sentirme como ellos, víctima de un par de estúpidos que pueden decidir hacer tal o cual cosa por el bien de sus bolsillos y venderlo como puestos de trabajo. Y eso está estupendo. Es estupendo porque crea empleo. Da igual que sea discutible la moralidad o la legislación en el negocio de Las Vegas Sands, como da igual que Cargill tale el Amazonas para plantar su desgraciada soja y alimentar los pollos de McDonald's. Da igual que se pudra el cacao de los productores de Costa de Marfil porque Nestlé revienta precios con su propia producción en tierras robadas. Y da igual que tengamos más dispositivos electrónicos de los que necesitamos, pero en el río Kivu haya tantos muertos como muertos resultan de la extracción de un kilo de coltán, entre unas cosas y otras. 

Y es que es cierto; si siempre nos ha dado más o menos igual todo eso que sucede lejos de aquí, ahora, ha de darnos igual lo que nos expriman por unos cuantos miles de empleos. Debemos seguir tranquilos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Gente de fe

Visto lo visto, no hay duda de que somos personitas de fe. Creemos en todo lo que nos digan. Especialmente si sale de algunos sitios. Las letras del periódico son sagradas y las noticias de las nueve un hito necesario en el día para saber toda la verdad.
De vez en cuando nos enteramos de que un científico, con su bata, sus gafas y sus años y años de investigación, ha descubierto que el átomo se puede trocear todavía un poco más. Pero dime ¿tú lo has hecho en casa? Compraste una caja de cereales y detrás te explicaban cómo partir un átomo, con la ayuda de tus padres ¿verdad? Así que como aquel científico lo descubrió, tu te hes puesto a ello también y has visto que es verdad ¿no?
No. Lo cierto es que no.
Basta con que te digan que hay partes más pequeñas que el átomo y lo acompañan con unos esquemas, y tu dices pues sí. Que te hablan de que en el centro de la tierra hace un calor de mil demonios y lo dibujan de rojo incandescente. Pues claro. Que comentan que en Alemania hay trabajo. Dónde si no. Que el ártico se derrite. Se derrite, claro está. Que en Afganistán hay muy mala gente escondida debajo de las piedras. Seguro. Que dicen que en España sólo hay un 30% de fracaso escolar. Nada más. Seguro. Que la economía se empieza a recuperar. ¡Si lo noto hasta yo!

Así que no me lo podéis negar. Nuestra fe es inquebrantable. Con que nos lo cuenten lo creemos.
Sin embargo, y esto es lo curioso, hay algo que no terminamos de creernos. No nos convence del todo eso de que haya un Creador de todo esto. No tenemos problema en tragarnos verdades y mentiras como puños. Verdades y mentiras que están aquí, a nuestro alcance. No queremos asegurarnos de si un electrón existe o no realmente. Nos vale con creer porque necesitamos creer...
Pero a ese Otro. Ese es otra cosa. Y le exigimos mil pruebas de su existencia y estamos para arriba y para abajo con que si existe o si deja de existir... Y como no se molesta en demostrárnoslo. Nosotros, a dudar.

Así que mi conclusión es que somos raros. Usamos la fe para lo que no hace falta fe y se nos ha gastado cuando más tendríamos que usarla.
¡Incorregibles!

jueves, 1 de noviembre de 2012

El día de difuntos de 2012

El viento que limpiaba el cielo esta mañana nos acompañaba en nuestro camino hacia el cementerio. El día estaba claro. Claro día de otoño que envuelve fríamente todo. No nos arrojaba a la calle una súbita melancolía como a Mariano en 1836. Ni el cielo oscuro y sombrío se cernía sobre nosotros. No era pesimismo lo que veíamos entre los mármoles. No estamos en 1836 sino en 2012. Una linea de autobús atraviesa el camposanto y la policía municipal ordena la entrada y salida de coches y peatones. El interior del cementerio parecía un mercadillo de flores y sepulturas perpetuas. 

Pero nada ha cambiado. Llegamos hasta el cuartel 251 del cementerio. Allí, sobre lápida de granito, las letras que forman sus nombres son la última certeza física de que nuestros muertos estuvieron con nosotros. Y para nosotros, aún lo están. 


Esas letras metálicas, más perdurables que la carne y el hueso, son la conversación inacabable con los que nos han precedido. No en la impersonal historia de la humanidad, sino los que nos han precedido en nuestra mesa camilla, en nuestra cocina. En nuestras navidades. En nuestros aniversarios. En nuestras películas de Súper 8. 

Esta gente, que se va haciendo humus bajo un espacio lleno de hermosas esculturas, románticas hiedras, forma parte de la misma historia que formamos nosotros. Somos herederos de su vida. No de sus casas ni de sus ahorros; de su vida. 

Al fijar la vista sobre estas letras que hablan de personas y de fechas sobre una piedra arrancada a la montaña, uno piensa que más que origen de alguien es fruto de alguien. Somos hijos. Todos lo somos. 

Pensaba también que yo terminaré algún día en este mundo siendo letras metálicas sobre ese granito de la sepultura familiar. Recuerdo a mis antepasados; lo que puedo recordar de ellos. Pienso que han sido maestros para los que íbamos después y me pregunto ¿y ahora yo? 

Pienso en las ocasiones en que me he enfrentado a ser maestro, modelo de algo, y solo puedo ver claramente que no soy más que un instrumento. Una herramienta en el exacto equilibrio de su uso. Que soy una sola letra en el texto negro sobre el blanco de la página de un libro. Que confundir ser padre con ser modelo es querer ser herramienta, mano y obrero. Ser letra, capítulo y autor al mismo tiempo. 

¿Así que, si voy a acabar ahí, solo debo dar a mi pequeño techo, comida y amor hasta que acumule reservas suficientes para valerse por sí mismo? ¿Soy sólo su Cicerone? 

Si no puedo ser más modelo que la casualidad de mi vida. Pero no soy tan solo su tutor, su niñera, ¿Qué soy? 

Viendo este mar de lápidas, ¿seré solo parte de esa cadena que empezó al principio del tiempo? Si sólo fuera un eslabón de esa cadena, lo más precioso entonces es el eslabón que me precede y aquel que ahora va después. 

Pero ¡qué curioso, qué inútil, qué maravilla! Somos parte de una tensa cadena que no amarra más que a sí misma. El Autor de esta divina idea que no sirve para nada más que para prolongarse y ser, ha querido hacernos así, no como un pasatiempo, sino para tener dónde fijar su mirada. 

Ser padre debe ser empezar a querer que la gloria del nombre de uno no dure más que sus huesos. Ser solo herramienta en el exacto equilibrio de su uso. 

De Mariano y su melancolía ya hablaremos en otra ocasión. Hoy es día para acordarse de la vida y mirar con perspectiva el pasado, para ver el futuro con mejores ojos con que lo vió Mariano.

viernes, 18 de mayo de 2012

El momento más vulnerable

Somos fuertes. Somos empresarios, curritos, parados, labradores, filósofos, pescadores, pescaderos, directores de fondos monetarios internacionales, ladrones, temporeros de la uva, equilibristas, bachilleres, presos, pilotos de lineas comerciales, trashumantes, capitanes de barco o conductores de un John Deere. 
Pero llegan las diez, las once, la una de la noche. Y llega nuestro momento más vulnerable. El del sueño. El de la noche, para quien duerme de noche. 
Somos frágiles, pero no hay un momento en que seamos más frágiles que durante el sueño. 
¿En qué estado se sume uno cuando duerme? No se sabe con certeza. Pero uno no está del todo en este mundo. Está en el mundo pero ajeno a él. Por esta desnudez máxima a la que nos exponemos cada vez que logramos conciliar el sueño, tomamos medidas aquí y allá. 
Hay alarmas, hay candados. Hay llaves, puertas, rejas, cámaras. Pero nosotros seguimos durmiendo y si nuestro bunker falla, somos extremadamente vulnerables. 
En la otra vida, en la que vivimos despiertos durante las horas de luz, aparentamos una fortaleza que la noche nos desarma por completo. Por muchos cerrojos que cerremos, dormir es un acto de absoluta confianza en el mundo que nos rodea. Entregarse a la inconsciencia del sueño es un acto valiente. 

Y en muchas ocasiones, aunque no siempre sea así, compartimos con alguien esas horas de máxima debilidad. De indefensión absoluta. Alguien bajo nuestras mismas sábanas o alguien en el cuarto de al lado. Alguien a quien elegimos, alguien que nos elige, alguien que no elige estar con nosotros... 

Uno empieza esta vida generalmente de niño y poco a poco lo va dejando para hacerse adulto. Antes o después decide, adivina, intuye que debe buscar un nuevo lugar donde pasar la vulnerable noche. 
A partir de entonces, de esa primera noche nueva, debe volver a confiar en el mundo que le rodea porque aquel lugar dónde la noche era amable junto a sus papás ya ha sido superado. 
A partir de entonces su imaginación deberá tejer nuevas razones para entregarse a ese oscuro entorno que le rodea cada noche. Y escogerá también a alguien con quien pasar de la mano el momento más vulnerable.

viernes, 28 de octubre de 2011

Tres cosas mascadas


TRES  COSAS   DISTINTAS   PERO   (PARA   MI)   CON CIERTA  RELACIÓN llevo mascando ayer y hoy y aquí estoy para compartirlas.

Una es una noticia leída. Es el periódico que es porque es el que llega a mi centro de trabajo. No me importa qué tipo de noticiario sea en esta ocasión. Pero ¡o felicidad! una tubería en África ha sido reparada diligentemente a pesar de los problemas de seguridad que había por la zona. Tal vez nos imaginemos qué transporta esa tubería, en una tierra tan devastada por la sequía.

Hoy, cuando escribo esto, hace sólo 8 días que uno coloquialmente conocido como Gadafi nos ha dejado. O más bien le hemos invitado amablemente a que nos dejara. Y en tan solo ocho días, la tubería dañada por la guerra en Libia ha sido reparada y de nuevo puede apagar su sed la refinería de Az Zawiyah. ¡Menos mal! porque esto no había quien lo soportara. Eso al menos debía pensar o decir algún consejero delegado de Repsol-YPF, en el madrileño paseo de la Castellana o vete tu a saber dónde, mientras le era servido un frío botellín de Solán de Cabras.

Esto me lleva recordar que si cierto proyectil dañó la tubería (o cierta granada o cierto todoterreno desbocado) era porque estaba Libia revuelta entera por que se había perdido por debajo de la mesa-camilla un dictador y estaban tras de él con la escoba. Ya le han dado el escobazo. Y como hay licencia, [¡Qué desagradables las imágenes de las noticias sobre esto! ¿no? ¡Qué poca sensibilidad! ¿verdad?] pues a otra cosa mariposa.

Y me venía todo este asunto a la cabeza al leer un artículo de Larra. Un reo de muerte, se titula. Podéis imaginar de qué está hablando. Y hay una frase que viajaba desde su tiempo [1835] al mio; “No quiero entrar en la cuestión tan debatida del derecho que puede tener la sociedad de mutilarse a sí propia.” Porque al llegar la frase a mis ojos, venía a mi memoria este suceso Libio, por lo reciente y, perdonad, por lo sangrante del caso. Pero venían con él las continuas ocasiones que decidimos extirpar de nuestro “cuerpo” todas las imperfecciones porque nos molestan. Nuestro cuerpo que es la sociedad y nuestras molestias que solucionamos con varios ingenios. Está, por ejemplo, la pena de muerte en sus múltiples y curiosas variantes. Está cualquier acto acabado en -cidio. Está también el hacer esto mismo en un quirófano y a un enano que no ha dicho aún esta boca es mía. Y el hilo conductor de esta extirpación de cosas molestas y otras muchas a mi me parece que es la indiferencia.

También pensé en esta palabra, In-di-fe-ren-cia, al visitar, por recomendación de un hermano mío, el blog de una iniciativa, como tantas otras afortunadamente, muy interesante. El iniciador de esta iniciativa había sido conmovido por las cosas que pasan en su mundo y se había dicho ¿aquí me voy a quedar sentado? Y en la fundamentación que escribe en ese blog sobre sus por qué, dice que quien tiene oportunidad de ayudar y no lo hace no tiene perdón.

Así, a primera vista al leer esto dije “oye muchacho, y tu qué sabes de los demás”. Era una forma muy poco “correcta” de hablar. Pero en seguida me dije “este tio tiene razón” no podemos perdonar la In-di-fe-ren-cia.

martes, 20 de septiembre de 2011

Personitas clase A+++


¿Te suena? Es la etiqueta que cada vez llevan más productos, que compramos y que conllevan algún tipo de consumo energético. Hace unos días fui a visitar a mi compañera de trabajo y en su portal me sorprendió ver la etiqueta que calificaba la eficiencia energética de su vivienda. Ya la habrás visto desde hace tiempo en una lavadora, al comprar una bombilla o en el embalaje de la televisión plana.
Y es bastante sencilla de entender; la A+++ y el color verde indican que eso que vamos a comprar ahorra hasta un 55% de energía al usarlo. Mientras que la letra D y el color rojo nos dicen que estamos ante un aparato que no tiene ninguna consideración con los demás y que gasta todo lo que quiere para funcionar. ¡Malvado aparato el de la clase D!
Además, la etiqueta incluye otros parámetros que son interesantes. Te dice, entre otras cosas, cuantos decibelios va a soltar el cacharro en cuanto lo enchufes -si será discreto o gritón- y los kilovatios que se va a tragar la criaturita a lo largo de un año. La verdad es que es una etiqueta la mar de útil.
Así que ahora, dieciséis años después de que se estrenara en algún rincón de esta extraña “Unión” Europea la curiosa pegatinita, la encontramos por doquier para deleitarnos con su gama de colores para decirnos que seamos buenos; que no cojamos de los lineales las cosas que están en rojo porque son caca para nuestro bonito planeta.
Y pensaba, ¡oye! ¿Y si al ministerio de “Trabajo y Sus Consecuencias” o al de “Sanidad y Otras Cosas” se le ocurre que también nosotros tenemos que llevar una tarjeta más; el D.N.E.E. o documento nacional de eficiencia energética. Junto con el D.N.I. o el N.I.E. claro está, y el permiso de conducir y la tarjeta “Idea Family” y la cartilla de donante y la estampa del Perpetuo Socorro.
Porque algo me dice que hay personitas de bajo consumo y personitas como el Simca 1200, que consume más que anda.
Las hay que no reparan en gastos cuando van de acá para allá -que es como dejarse todas las luces encendidas cuando andas por casa-. Las hay que tiran la manzana en cuanto tiene una motita sospechosa o el plátano cuando no esta de un amarillo inmaculado. Hay personitas que se sonrojan ante la idea de tomar el colectivo -tren, metro, autobús- pudiendo hacer el recorrido en Su automóvil, sin sudorosos contactos. Tenemos especímenes que desconocen la utilidad de volver a utilizar cierta ropa la temporada que viene. Hay otras personitas que creen que la piel se cae a trozos si uno no se da una ducha -cuando no un baño- al menos dos veces al día. Y bueno, por supuesto encontramos señoritos que adquieren un flamante todoterreno que al poco tiempo se convierte en un coche con terribles frustraciones porque jamás ha rodado sobre la hierba ni el barro. Aunque la verdad es que estas personitas son, y lo digo en serio, súper ahorradoras. Porque con sus higiénicos hábitos, se ahorran tiempo, molestias y experiencias desagradables.
Pero creo que abundan también las personitas que hacen macedonia con la fruta pachucha o usan su turismo para eso, para hacer turismo. Que zurcen un calcetín porque aunque hoy en día casi no merece la pena, sí les merece la pena no tirar una vez más de la tarjeta y vuelta a empezar, sólo por ahorrar tiempo. Están las que dejan perplejo al operador de la compañía telefónica porque dicen que no necesitan “esa inmejorable oferta”. Quedan personitas que dijeron “¡menuda novedad!” cuando los grandes almacenes empezaron a sugerir que fueras a la compra con tu propia bolsa para no tener que usar una nueva cada vez. Y quedan también de las que se compran una casa -si pueden- no porque sea una inversión sino por la curiosa anécdota de querer vivir en ella y nada más. Claro que estas personitas despilfarran un poquito. Porque con tanto hábito económico, gastan y gastan tanto tiempo, que no hay quien las aguante.
No sé, hay personitas de todas clases así que creo que deberíamos llevar en la billetera o en el bolso una tarjeta súper chula con la gama de colores esa que nos dice si somos como un electrodoméstico de última generación, que gasta lo justo y necesario o si somos como una “loco”-motora de vapor.