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jueves, 1 de noviembre de 2012

El día de difuntos de 2012

El viento que limpiaba el cielo esta mañana nos acompañaba en nuestro camino hacia el cementerio. El día estaba claro. Claro día de otoño que envuelve fríamente todo. No nos arrojaba a la calle una súbita melancolía como a Mariano en 1836. Ni el cielo oscuro y sombrío se cernía sobre nosotros. No era pesimismo lo que veíamos entre los mármoles. No estamos en 1836 sino en 2012. Una linea de autobús atraviesa el camposanto y la policía municipal ordena la entrada y salida de coches y peatones. El interior del cementerio parecía un mercadillo de flores y sepulturas perpetuas. 

Pero nada ha cambiado. Llegamos hasta el cuartel 251 del cementerio. Allí, sobre lápida de granito, las letras que forman sus nombres son la última certeza física de que nuestros muertos estuvieron con nosotros. Y para nosotros, aún lo están. 


Esas letras metálicas, más perdurables que la carne y el hueso, son la conversación inacabable con los que nos han precedido. No en la impersonal historia de la humanidad, sino los que nos han precedido en nuestra mesa camilla, en nuestra cocina. En nuestras navidades. En nuestros aniversarios. En nuestras películas de Súper 8. 

Esta gente, que se va haciendo humus bajo un espacio lleno de hermosas esculturas, románticas hiedras, forma parte de la misma historia que formamos nosotros. Somos herederos de su vida. No de sus casas ni de sus ahorros; de su vida. 

Al fijar la vista sobre estas letras que hablan de personas y de fechas sobre una piedra arrancada a la montaña, uno piensa que más que origen de alguien es fruto de alguien. Somos hijos. Todos lo somos. 

Pensaba también que yo terminaré algún día en este mundo siendo letras metálicas sobre ese granito de la sepultura familiar. Recuerdo a mis antepasados; lo que puedo recordar de ellos. Pienso que han sido maestros para los que íbamos después y me pregunto ¿y ahora yo? 

Pienso en las ocasiones en que me he enfrentado a ser maestro, modelo de algo, y solo puedo ver claramente que no soy más que un instrumento. Una herramienta en el exacto equilibrio de su uso. Que soy una sola letra en el texto negro sobre el blanco de la página de un libro. Que confundir ser padre con ser modelo es querer ser herramienta, mano y obrero. Ser letra, capítulo y autor al mismo tiempo. 

¿Así que, si voy a acabar ahí, solo debo dar a mi pequeño techo, comida y amor hasta que acumule reservas suficientes para valerse por sí mismo? ¿Soy sólo su Cicerone? 

Si no puedo ser más modelo que la casualidad de mi vida. Pero no soy tan solo su tutor, su niñera, ¿Qué soy? 

Viendo este mar de lápidas, ¿seré solo parte de esa cadena que empezó al principio del tiempo? Si sólo fuera un eslabón de esa cadena, lo más precioso entonces es el eslabón que me precede y aquel que ahora va después. 

Pero ¡qué curioso, qué inútil, qué maravilla! Somos parte de una tensa cadena que no amarra más que a sí misma. El Autor de esta divina idea que no sirve para nada más que para prolongarse y ser, ha querido hacernos así, no como un pasatiempo, sino para tener dónde fijar su mirada. 

Ser padre debe ser empezar a querer que la gloria del nombre de uno no dure más que sus huesos. Ser solo herramienta en el exacto equilibrio de su uso. 

De Mariano y su melancolía ya hablaremos en otra ocasión. Hoy es día para acordarse de la vida y mirar con perspectiva el pasado, para ver el futuro con mejores ojos con que lo vió Mariano.

7 comentarios:

  1. ¡Cuánto genera un enano de dos meses y unos cuantos huesos! y eso que ninguno habla por exceso o por falta de tiempo...

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  2. Somos lo que somos... un eslabón de una cadena que forma parte de una maraña de cadenas. En muchos casos queriendo ser un eslabón más y en otros -los menos- queriendo ser EL ESLABÓN, al menos para nosotros.

    Y somos elementos funcionales del sistema (del natural, no del otro) que hacemos que todo perdure.

    Y con esto dejo de escribir, que viene mi padre, supongo que a preguntar por mi hijo.

    (comentario: los comentarios a las 4:26 indican niño de pecho)

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    1. ... Y los comentarios a las 05:11 indican... ¿madrugón?

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  3. Madre mía chicos, no dejáis de sorprenderme!
    Siempre he admirado a la gente inteligente y vosotros sois esa gente, y lo que más me gusta es que sois cercanos y puedo preguntaros cualquier cosa aunque me sonroje por mi ignorancia.
    Gracias por hacer cosas tan hermosas.

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  4. Quería añadir, si me lo permitís, que he escrito este comentario a las 00:13 y pone que son las 16:13 ¿?
    Ahora me voy a la cama.

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    1. Definitivamente al reloj de este blog le fallan las pilas.

      Y gracias por el piropo, maja.

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  5. Ya lo he leído directamente sobre el blog y ya he podido pinchar en el enlace del artículo de Larra para poder leer su desesperanzado escrito y, efectivamente, quizá otro día hablemos de ello, como sugiere Marquitos.

    El Día de Todos los Santos es día para acordarse de la Vida, esa hecha de tantas cadenas entremezcladas, y ahí voy: a la "maraña" de unas cadenas con otras; a la maravilla del amor del varón y la mujer creado por el "Autor de esta divida idea" que hace así posible que su mirada pueda fijarse en el Hombre.

    Ese hombre que inevitablemente se convierte en "modelo" cuando es padre/madre, a pesar de que tantas veces, a raíz de lo que ve de sí mismo, quisiera no serlo.

    Pero no hagamos como Mariano: no permitamos que se muera nuestra esperanza, a pesar de todos los fallos que vemos en nosotros mismos porque si lo hacemos, ese día dejaremos de ser hombres y entonces, ¿dónde podrá fijar su mirada el Autor?

    ahma (Ayer Hoy MAñana)
    Isabel

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